

BOGOTÁ — Colombia entró este miércoles en una fase decisiva de las labores de búsqueda después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el occidente del país el lunes 10 de agosto. Rescatistas, bomberos, militares y voluntarios continúan removiendo escombros y pidiendo silencio alrededor de edificios derrumbados para detectar posibles señales de vida.
El epicentro se ubicó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. El movimiento causó daños graves en Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, además de afectar viviendas, hospitales, escuelas y vías de comunicación. Las réplicas y el temor a nuevos derrumbes han obligado a numerosas familias a dormir en parques, coliseos y albergues improvisados.
Los balances seguían cambiando rápidamente durante la mañana del miércoles. El Gobierno reportaba al menos 181 fallecidos y más de 2.500 heridos, mientras recuentos de autoridades locales situaban el total de muertes por encima de 250. Las diferencias reflejan la dificultad de consolidar información procedente de varias ciudades y zonas rurales con comunicaciones limitadas.
En Pereira, los equipos lograron rescatar con vida a una mujer después de aproximadamente 12 horas bajo los escombros. Historias como esa mantienen la esperanza durante la llamada ventana crítica de las primeras 72 horas, cuando aumentan las posibilidades de encontrar sobrevivientes.
El Gobierno declaró la emergencia y habilitó centros de coordinación y refugios temporales. Estados Unidos anunció más de 15 millones de dólares en ayuda, mientras México, El Salvador y otros países preparaban personal, suministros y equipos de emergencia.
La prioridad inmediata sigue siendo localizar a las personas desaparecidas, atender a los heridos y asegurar los edificios dañados. Las autoridades advirtieron que las cifras pueden continuar cambiando conforme los equipos lleguen a las comunidades más afectadas.

