

Venezuela enfrenta una de las tragedias naturales más graves de los últimos años tras el registro de dos fuertes terremotos superficiales ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia. La combinación de ambos movimientos sísmicos provocó graves daños materiales y dejó más de 160 personas fallecidas, aunque las autoridades advierten que la cifra podría aumentar en las próximas horas.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estima que el número final de víctimas podría ascender a decenas de miles. Además, el organismo señala que existe cerca de un 30% de probabilidad de que se produzcan réplicas con una magnitud superior a 6.
Los expertos también alertan sobre el riesgo de deslizamientos de tierra y de licuefacción del suelo, un fenómeno que hace que el terreno pierda estabilidad y puede provocar el hundimiento o colapso de edificaciones, como ha ocurrido en terremotos registrados anteriormente en Japón.
Las proyecciones preliminares del USGS indican un 42% de probabilidad de que el número de fallecidos se ubique entre 10,000 y 100,000 personas. Asimismo, las pérdidas económicas podrían situarse entre los 10,000 y los 100,000 millones de dólares.
Venezuela se encuentra en una zona de alta actividad sísmica debido a su ubicación sobre el límite entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, las cuales se desplazan en direcciones casi opuestas, acumulando una gran cantidad de energía bajo la superficie.
Los dos terremotos se originaron en la falla de Boconó, considerada una de las más activas y peligrosas del país. De acuerdo con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, cerca del 80% de la población vive en áreas con alta amenaza sísmica, lo que incrementa el riesgo de que eventos de esta magnitud tengan consecuencias devastadoras, especialmente ante el crecimiento de la población y el desarrollo de infraestructura.

